Era como un árbol
de esos grandes, llenos de hojas,
bien plantado como los demás.
Cada tanto me salían flores
esas que tanto pude disfrutar.
Pero mis hojas tenían
una particularidad,
algo que a muchos les gustaba,
algo que llamó la atención.
Y la gente llegaba,
me admiraba
y arrancaba mis hojas,
mis ramas,
mis flores.
Y yo los dejaba
pensando que el próximo
mejor me iba a tratar.
Y fue así como
todos se llevaron
mis partes
más lindas,
las que más quería.
Y fue así como
lentamente
fui
muriendo.